Verdaderamente, la idea de contraponer figuras históricas, como lo hizo plutarco en sus famosísimas Vidas paralelas, no es nueva, puesto que un Varron y un Cornelio Nepote, entre otros varios escritores de la Antiguedad clásica, ya habíanse aplicado a desarrollarla -aquél, en sus Imagines; éste en sus Vitae-; pero no es menos cierto que nadie lo hizo tan largamente, multiplicando paralelos y paralelos, ni atinó a deducir tantas enseñanzas de tales paralelismos. Las cincuenta vidas que, de las escritas por Plutarco, han llegado hasta nosotros, bastan a demostrarlo, pero todavía hay que considerar cómo Plutarco llegó más lejos, aunque las otras vidas, biográficas comparadas de dos en dos, no nos hayan alcanzado. Es sensible, harto lamentable tal pérdida, más no por ella deja de ser Plutarco el supremo ejemplo entre los grandes retóricos e historiadores que ensayaron esa concepción. Tanto más por cuanto el gran historiador lo hizo empleándose en un relato vivo, con estilo simple y llano, midiendo admirablemente el interés dramático.

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